Visión integral de la formación y aprendizaje en la empresa

Visión integral de la formación y aprendizaje en la empresa
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En el contexto laboral, podemos definir el aprendizaje como la actividad mental por medio de la cual el conocimiento y la habilidad, los hábitos y las actitudes son adquiridos, retenidos y utilizados originando una progresiva adaptación y modificación de la conducta. Dicha modificación conductual será relativamente estable y basada en la experiencia pasada. En otras palabras, si no hay modificación final y permanente de alguna conducta, el aprendizaje será sólo parcial y su impacto en la mejora del desempeño,  muy limitado.
Por tanto, en el proceso de aprendizaje se pueden diferenciar cuatro áreas o niveles principales:
El manejo de INFORMACIÓN
El desarrollo de HABILIDADES
La adopción de ACTITUDES Y VALORES
El desarrollo de HÁBITOS
Las dos primeras son fácilmente medibles  y tienen que ver con el saber y el saber hacer. Es lo que tradicionalmente se enseña y se aprende el los diferentes centros formativos y educativos, todos los niveles y tiene mucho que ver con el aprendizaje memorístico.
Sin embargo, la adquisición de actitudes y valores, así como el desarrollo de hábitos son difícilmente medibles y evaluables con objetividad. Quizá por eso, el desarrollo de estos aspectos del aprendizaje no se recogen lo suficiente en los diferentes programas formativos.
Esta serie de valores “intangibles” propios de cada persona, como la capacidad de trabajar en equipo, la resolución de conflictos, la proactividad, la responsabilidad, el optimismo, etc. son cada vez más valoradas por las empresas ya que también son más difíciles de adquirir (a diferencia de los conocimientos y las destrezas). De hecho, algunas empresas llegan a invertir dinero y tiempo en el “coaching” (¿por qué no usar palabra “entrenamiento”?) de sus empleados en competencias que tienen que ver sobre todo con actitudes y valores.
Efectivamente, al igual que nacemos con un potencial máximo de inteligencia cognitiva (el concepto más clásico de inteligencia, asociado al C.I.), existen otros tipos de inteligencia que son entrenables y mejorables a lo largo de toda nuestra vida. Estamos hablando de la inteligencia emocional o de la inteligencia  ejecutiva. Para una empresa ¿que es más valioso: una persona con un alto C.I. y con un expediente académico impecable o una persona con un expediente más normal pero con una buena capacidad de analizar y resolver problemas, trabajar en equipo, tener empatía con el cliente, etc? 
Por lo tanto, todos estos aspectos deben ser tenidos en cuenta en la planificación de cualquier acción formativa o de entrenamiento dirigida a trabajadores y el profesional de la docencia debe conocer qué actitudes, valores o hábitos deben ser estimulados y desarrollados por cada alumno, más allá de los conocimientos o el desarrollo de habilidades específicas.
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