Calificación sanitaria de establecimientos alimentarios

Calificación sanitaria de establecimientos alimentarios
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Cuando paso por delante de cafeterías o restaurantes suelo fijarme en el plano, el aforo máximo de personas, el horario de apertura y cierre y datos similares que están expuestos en el cristal. Eso está bien, pero creo que a los consumidores y usuarios nos interesaría incluso más conocer la calificación sanitaria del local, en función de las inspecciones sanitarias oficiales recibidas.

Los clientes acudimos a los restaurantes a disfrutar de una experiencia más allá de la comida (no es lo mismo ir a comer a un restaurante mejicano, que a un chino o que a un andaluz, por ejemplo). Lo que ocurre es solemos dar por supuesta la seguridad de los que consumimos y sólo valoramos aspectos más “visibles” como el trato, la comodidad, el ambiente o la propia calidad gastronómica de los platos.

Un inspector puede acudir a un establecimiento porque tiene una serie de vistas programadas, en respuesta a denuncias o quejas de los clientes, por motivo de alguna campaña de control, etc. En cualquier caso, después de realizar la visita y efectuar la inspección tanto visual (de las instalaciones, los equipos, el personal, las comidas, etc) como documental (planes de limpieza y desinfección, registros de temperaturas, puntos críticos de control, registro de proveedores, etc) el inspector emitirá una valoración sobre el estado higiénico-sanitario del establecimiento.

Puede haber encontrado (o no) un número mayor o menor de  fallos graves o fallos leves, que harán que el informe final sea “insatisfactorio”, “satisfactorio”, “bueno” o “excelente”, por ejemplo. En función de esta calificación se le programarán las siguientes visitas con mayor o menor frecuencia.

¿No sería muy interesante que los consumidores pudieran conocer estas valoraciones antes de elegir dónde ir a comer? Pues esto ocurre en lugares como el Reino Unido o en ciudades como Nueva York.

Por ejemplo, en esta ciudad, los establecimientos tienen en la entrada un letrero con una letra grande A, B o C.

La calificación A indica que el establecimiento ha obtenido una calificación de 0 a 13 puntos por incumplimientos sanitarios y es el nivel más alto de garantía sanitaria. La frecuencia de inspección correspondiente a esta calificación, al obtenerla,  será anual. La calificación B tiene de 14 a 27 puntos. La frecuencia de inspección correspondiente a esta calificación será cada 5-7 meses. La calificación C tiene de 28 puntos en adelante. La frecuencia de inspección correspondiente a esta calificación será cada 3-5 meses. Existe también la calificación “pendiente” se refiere a un restaurante que todavía está a la espera de la decisión del Tribunal Administrativo del Departamento de Salud.

Además, los consumidores pueden consultar en un mapa la calificación de los establecimientos de los diferentes barrios de NY. http://www.nytimes.com/interactive/dining/new-york-health-department-restaurant-ratings-map.html?ref=dining&_r=0

En el Reino Unido (Inglaterra, Gales, Irlanda del Norte y Escocia) También es posible conocer el resultado de las inspecciones sanitarias que se hacen en los bares, restaurantes, hoteles, comedores de colegios, tiendas de alimentación y supermercados. El resultado de estas inspecciones se expresa a través de la puntuación de higiene alimentaria (Food Hygiene Rating). En Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, existen 6 niveles de higiene alimentaria:

Los niveles 0,1 y 2 indican que el establecimiento necesita mejoras y los niveles 3,4 y 5 que la inspección fue satisfactoria, buena o muy buena.  Las calificaciones de higiene alimentaria datos publicados en www.food.gov.uk/ratings

En España, algunas ciudades como Barcelona están empezando a desarrollar actuaciones similares en el marco de la transparencia de las Administraciones

El usuario o cliente sólo es realmente libre cuando dispone de toda la información para elegir. Por ejemplo, se da la paradoja de que en ciudades como Londres o Nueva York, prestigiosos restaurantes u hoteles de varias estrellas Michelin obtuvieron calificaciones sanitarias que no estaban a la altura de su prestigio (una prueba más de que “calidad” alimentaria no significa necesariamente seguridad alimentaria)

El acceso público de estos datos haría que las propias empresas del sector “se pusieran las pilas” sin tener que estar siempre el inspector detrás, por pura supervivencia empresarial. Nada crea peor imagen en un establecimiento de hostelería que la falta de higiene y cada vez más los clientes consultan los datos en Internet relativos al establecimiento al que van a acudir.

La seguridad debe ser una parte básica de la calidad alimentaria y los consumidores tienen derecho a conocer la calificación higiénica de los establecimientos, al igual que consultan las valoraciones de otros clientes o usuarios. Los inspectores de sanidad (veterinarios) son los cualificados ojos ven y evalúan lo que el cliente no puede ver y esa información debería ser pública.

Si una empresa de hostelería o restauración trabaja con higiene y lo puede demostrar ¿por qué no comunicarlo al consumidor? En este contexto hay empresas especializadas en limpieza, desinfección y esterilización en hoteles, colegios, restaurantes, hospitales etc que otorgan distintivos y certificaciones de excelencia en este ámbito, consiguiendo aumentar su prestigio y  la confianza tanto con potenciales clientes como la propia Administración Pública.

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